4 may. 2012

¿Otro desierto? / Malvinas parte 3

vergüenza.

(Del lat. verecundĭa).

1. f. Turbación del ánimo, que suele encender el color del rostro, ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena.






Garabateado a las apuradas, en las fronteras del jueves. 


Conquistando "el desierto". 
Así se hizo, a fuerza de expedición militar y religiosa, el estado argentino y sus fronteras modernas. Es una de las "historias fundantes de la patria" que se monumentaliza tristemente en calles y plazas a lo largo del país. Barriendo con la otredad, convirtiendo a los pueblos originarios en mano de obra "invisible" o simplemente matándolos* (si es que se permite conjugar en la misma oración matar con simplemente). Así se hizo. 
Pero sobre todo negando su historia.
Pero sobre todo construyendo la narrativa del desierto

Justamente esa imagen, la del desierto, eligió el gobierno nacional para "narrar" Malvinas. Lo hace en una publicidad oficial con la excusa de hablar de los deportistas olímpicos que irán a Londres este año. Un deportista con emotivo sacrificio entrena en un pueblo fantasma, en una "tierra desierta", en un lugar habitado por nadie... que es suelo argentino según afirman.

La reaparición de la metáfora me espanta.

Hay que pensar lejos del patrioterismo banal, pienso. 
Hay que huirle a la rima fácil y a la simplificación que hace a los isleños invisibles o la quintaesencia del imperialismo inglés y construye un "nosotros" también simplificado (como ese que fundió por un instante a Galtieri con la CGT, a la burguesía argentina con los laburantes - que claro, fueron las únicas víctimas de la aventura guerrerista). 

Hay mucho por hacer y por pensar, pero también hay que decir no en mi nombre

pajara.


* Ver el artículo ilustrativo de Daniel Badenes en La Pulseada nro. 43 bajo el título "Trofeos de Guerra"