11 mar. 2013

Café




despampanante.

(Del ant. part. act. de despampanar).

1. adj. Pasmoso, llamativo, que deja atónito por su buena presencia u otras cualidades.








Desperté mil quinientas cincuenta y dos veces anoche. Resignada, me terminé levantando antes de que sonara el despertador... Bueno, para ser precisa, eran varios despertadores, todos sincronizados para sobresaltar a las seis de la mañana.


Algo malhumorada por la noche interrumpida y apagando los despertadores uno a uno, fui conquistando el día. Por cierto, además del frescor matinal, el sol está saliendo más tarde y tarda en aparecer. Raro, eso me gusta y me apena al mismo tiempo.


Resulta, además, que mi despertar está determinado por dos cosas: café y radio, y el orden de los factores no altera el producto.
El café tiene que ser con leche y amargo. En cuanto a la radio, me garantizo una dosis fuerte de noticias y política (me reservo para más adelante algunos comentarios maliciosos sobre los/las protagonistas radiales de nuestro país). 


Y ya vestida y saliendo, pensé: menos mal que no me quedé sin café hoy, si no 
acuchillaba a alguien (de mi trabajo, seguro). Justo ahí, mi memoria deshilachada me distrajo con el recuerdo de una escena de la película The fever, donde la fa-bu-lo-sa Vanessa Redgrave hace un escándalo sin igual por quedarse sin café. 

La película cuestiona las bases del capitalismo desde la mirada de una mujer europea y rica, que mira la desigualdad del mundo y su propia vida, al visitar un país destrozado por la guerra, la pobreza y la violencia.

Vale la pena verla entera, pero ahora, tómense 15 minutos para ver este pedacito imperdible, repleto de política (y con la escena del café incluida).







La actriz, pro-cubana, antibelicista y militante por los derechos humanos (...en Unicef), es una de las más bonitas que conozco, ahora a sus 76 años y antes, a los treinta, cuando hizo Isadora

En ese film interpreta a  Isadora Dunkan, la  bailarina norteamericana, comunista, bisexual y maravillosa de los años veinte, que incluso, llegó a mudarse a Rusia al estallar la segunda Guerra Mundial en apoyo a la Revolución Bolchevique. Cuentan que en una presentación se desnudó y agitó una bufanda colorada gritando: ¡es roja, yo también lo soy!

Así desperté hoy, con un café, la radio y una idea entrelazada a otra idea que envuelve a otra idea más desencadenando así a media mañana, en recomendaciones cinematográficas.

¡Buen día Papelerxs!