22 oct. 2012

Orden y Progreso, ja.





fetiche.

(Del fr. fétiche).

1. m. Ídolo u objeto de culto al que se atribuye poderes sobrenaturales, especialmente entre los pueblos primitivos.






Ahora estoy comenzando una nueva mudanza (voy más de diez en los últimos diez años) y me he decidido a tirar al recontracarajo cuanto papel, ropa u objeto en desuso me cruce por delante. Así de implacable, hago dos o tres rondas -en días distintos- para asegurarme de no tenerme/les piedad.  Por razones archiconocidas por mi y quizás indescifrables para el resto, insisto en conservar pulóveres con agujeros de polillas; periódicos viejos; apuntes de la facultad que detesto; agendas sin un sólo dato de interés; facturas de compras realizadas hace siglos; manuales de electrodomésticos que ya no tengo y ropa que no me entra o me juro arreglar. Encontré, alegremente, cartas de amor cercanas y lejanas, fotos olvidadas, algún vestido que adoro,  libros que quiero leer, 20 pesos en un monedero y ese bendito objeto que nunca encuentro cuando busco (y que guardé nuevamente en un lugar que ya no recuerdo).




Y otra vez, nuevamente, me propongo clasificar y rotular todo para no mudar quilombos, pero siempre me pasa lo mismo: consigo deshacerme de kilos de basura que en breve vuelvo a acumular. Intuyo cierto auto-boicot...
Por ejemplo, esta vez me decidí a tirar una caja llena de viejos cargadores de celulares y auriculares que ya no uso, (tirar es una forma de decir, porque en realidad los vendí en un negocio de celulares a un muy bajo precio. Je). Y lo que quedó de la purga -un cablerío insportable- encontró su paz junto a unos coloridos organizadores de cables llamados Rolinos. Esos objetos son todo un hallazgo y se convierten rápidamente en una adicción... !una quiere andar enrollando la vida entera!




Sin embargo, no todo consigue su orden. Ciertos terrenos de la vida semeresisten y quedan dominados por la anarquía, sin ser alcanzados por mis intentos de disciplinar la confusión. Sin dudas, el escritorio y el placard son tierra de nadie.
Algunos buenos resultados se pueden conseguir con muchas perchas, varios estantes y buenos cajones -en el caso del placard- y una buena biblioteca -en el caso del escritorio-... pero nada es tan sencillo como parece y menos para mi, que sólo ordeno cuando el desastre me desborda.
Ufff... Todo esto me recuerda que he declarado el alerta roja:  estoy mudándome a un departamento que aún no tiene placares. Aprovecho y sueño (ya que es gratis), con un placard como este:




En la compulsividad de estas tareas de mudanza, necesito saber qué-cosa-está-dónde y me vuelvo prisionera de etiquetas y recipientes, de cajas y folios... Pero entre todos los objetos que contienen objetos, mis favorito enelmundomundial son las bolsas Ziploc*.

lápices
caramelos
botones
galletitas
libros
tizas
un control remoto
semillas
pañuelos
discos
juguetes
granola
maquillaje
arroz
fotos
tornillos
bombachitas
monedas
remedios
cucharas
llaves
y todo-lo-que-va-al-freezer 
es guardado o quiere ser guardado en estas bolsas.




Pensando en este post le pregunté a pájara. cuál podría ser su el objeto fetiche, ese del que uno siempre necesita tener más, ya sea por su uso frecuente, por su utilidad o su escasez o simplemente por tener cerca su belleza. pájara. me contestó -entre otras cosas- que para ella estas bolsas también son trascendentales y me recordó (lo que en rigor, es cierto) que fue ella la que me transmitió el vicio.


Pavadas encontradas por ahí. Es decir, en Pinterest.



Reí todavía más cómplicemente cuando vi la película Everything is illuminatedporque el protagonista es un coleccionista que guarda todotodotododetodo en bolsitas Ziploc. Y la película y el personaje me gustaron mucho, a pesar de la sospecha que me despiertan los coleccionistas...
Se me ha acusado de coleccionar cucharitas. Lo niego. Digamos que acumulo las que me llaman la atención, sin criterio más profundo que su lindura. Un coleccionista, en cambio, rotula, ordena, clasifica... se obsesiona. Sere extraños si los hay, brrr, me provocan cierto escalofrío.
Volviendo a la película !adelante que no tiene desperdicio! La recomiendo mil veces, un millón de veces: véanla. Les dejo el trailer en inglés porque no lo conseguí con subtítulos...




Solamente de eso. De los objetos prescindibles y necesarios, de la belleza del orden y el caos de lo cotidiano, de alguna película y algún deseo habla este post. En otros, futuros, hablaré de los trastornos propios de la mudanza y de muchas internas -todas en un terreno dominado por machismo- con plomeros, gasistas, herreros y pintores...



mitocondria.





*Ziploc es la marca de la empresa que patentó el cierre de estas bolsas... yo uso unas compradas en un mayorista de descartables que son igual de buenas (y no tienen la marca puesta).